Puente de San Juan

Carlos Coriolano Amador, en quien su apellido se volvía acción, es generalmente conocido por haber sido amador de derroches, lujos y mujeres; sin embargo también lo fue de negocios y de pleitos que casaba con mucha frecuencia, como los que tuvo por haber hecho cuelgas en el río. Entre los socios de la empresa minera del "Zancudo" los había liberales y conservadores; Amador pertenecía a los rojos e intervino en política cuando los suyos estuvieron en el poder, aunque se benefició cuando sus socios rivales partidistas también gobernaron. Es el caso de Pascasio Uribe, quien durante su alcaldía prolongó dos tramos de calles que pasaban por la Hacienda de Guayaquil en tierras de Lorenza de Amador: el camellón de Carabobo y la calle de San Juan aunque sin llegar hasta el río, todavía.

Después de superar los varios pleitos por la cuelga del río comenzó el proceso de desecación de los pantanos de Guayaquil; contrató los servicios del ingeniero inglés Juan H. White para trazar varias calles en ese predio, entre ellas la de San Juan, prolongada hasta el propio río por acuerdo entre Amador y el municipio. Llegó hasta costear la mitad del valor del puente de San Juan sobre el río, para lo cual importó materiales aún sin conocimiento del concejo municipal ni de la alcaldía. Ya los terrenos de Guayaquil aparecían como atractivos y valorizados gracias a su incipiente urbanización y eficaz comunicación con La Otra Banda, por lo cual celebró muchos contratos de venta, hipotecas, donaciones, cesiones, etc.

LOS CONCEJOS DE LOS 90

El concejo de Medellín comenzó a practicar el intervencionismo en 1890. Cuando se pensó en un puente sobre el río, la calle de San Juan se unió con la que bajaba de La América. El mismo cuerpo pensó en una nueva plaza de mercado distinta de la que Rafael Flórez estaba construyendo en el barrio oriental; cuando se presentaron varios interesados en levantarla en el barrio norte (los señores Echavarría y Botero), rechazaron la del belga Charles Patín y, antes de sacar a licitación la obra, se enteraron de que el señor Amador había comenzado a construir (1891), con planos del señor C. Carré un mercado cubierto en Guayaquil, sin permiso alguno. El asunto se arregló cuando Amador se ofreció para traer del extranjero los materiales necesarios para fabricar un puente y, al año siguiente hizo una oferta: costear la mitad del valor del Puente de San Juan, con planos del ingeniero Antonio J. Duque.

*Fragmento del libro La sede de Otrabanda, publicado por la Compañía Suramericana de Seguros S.A.


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