CENTRO DE MEDELLÍN un mapa para perderse
Edificio Escuela
Gloria Estrada

Paraninfo

Se pasan la mañana tomando el sol plácidamente, sintiendo el viento fresco sobre sus cuerpos, acompañadas por sus parejas que les hacen cariños en la cabeza. No sufren de estrés porque no tienen que enviar hijos a la escuela ni hacer filas en el banco, y mucho menos salir a buscar el pan de cada día: en cualquier momento doña Elvia, la generosa Elvia de falda larga y pelo corto, llega desde Caicedo con su coca de arroz cocido que esparce como semillas en el parque. Y ellas, sedentarias y acomodadas, comen y hacen siesta y digestión en los techos del edificio de San Ignacio, más conocido como Paraninfo.

Lo que convierte a las palomas en el enemigo público número uno de este edificio es que son centenares y que no solo viven su idilio en los techos sino que también cagan y empollan. Estiércol que corroe canoas y columnas, y huevos que los gallinazos buscan sin descanso destrozando las tejas y el armazón. Una guerra sin cuartel contra la integridad de un edificio bicentenario en el que se han invertido tres mil 700 millones de pesos a lo largo de casi veinte años de restauración.

Pero a pesar del daño que provocan en forma de goteras y humedades cuya reparación le cuesta hasta seis millones de pesos anuales a la administración, el Paraninfo siempre luce como nuevo. Jardines, puertas, ventanales y oficinas son una muestra de la entereza de la que carecía en 1987, cuando los hongos se explayaban por todas partes y era evidente el deterioro de pisos, entrepisos, muros, estructura y ornamentación.

El diagnóstico lo hizo en ese momento un grupo de arquitectos –encabezado por Clemencia Wolff Idárraga– que se interesó por la restauración de ese pedacito de historia que le quedaba a Medellín, y a partir de su declaratoria como Monumento Nacional en 1982 se dieron a la tarea de convencer a todo el mundo de recuperarlo.

Para eso se metieron la mano al bolsillo varias empresas públicas y privadas, y hasta profesores vinculados a la Universidad de Antioquia que donaron parte de sus salarios. La obra implicó intervenciones en corredores, aulas y balcones; el entrepiso se actualizó con sismorresistencia, y a las paredes se les descubrió el ocre original después de meses de escarbar capas y capas de pintura que pasaron por tonalidades de gris, beige, café.

Paraninfo

A manera de recompensa, en la remoción los restauradores encontraron una piedra conmemorativa de 1821 y, en la torre de madera que se levanta sobre el frontis, un documento para anotar información sobre el estado del tiempo, lo que hace creer que el sitio fue usado como observatorio meteorológico.

Como toda restauración que se respete, la del Paraninfo sufrió parálisis y tropiezos, falta de plata y aplazamientos, pero pudo entregarse una primera fase en 1997 y el trabajo final en 2004. Una joya recuperada que ocupan hoy, en horario de oficina, 120 personas vinculadas a la emisora de la Universidad de Antioquia, la librería universitaria y una decena de despachos institucionales.

En el Paraninfo nació, creció y empezó a reproducirse la Universidad de Antioquia. A partir de la primera piedra, en agosto de 1803, el Colegio San Francisco inició la formación de quienes serían los primeros ingenieros y abogados de la provincia. Allí se dictaron clases de gramática, filosofía y religión, esta última en cantidad superior en tiempos de un conservadurismo recalcitrante del que la universidad empezó a escaparse, por fortuna, con la llegada de los librepensadores a mediados del siglo XIX. La formación religiosa era tan importante que los maestros hacían examen de conciencia a sus estudiantes para establecer si debían confesarse o si podían recibir la comunión sin pasar por el confesionario.

La religión fue perdiendo peso y los cursos se diversificaron, al igual que los estudiantes. En los años de ritmo académico continuo en el Paraninfo se llegaron a oír las voces de los aprendices de inglés, lógica, matemáticas, economía, geografía, cosmografía, física y mecánica. También empezaron a llegar mujeres y negros sedientos de conocimiento que hasta entonces no habían sido considerados aptos para la educación superior.

A lo largo del siglo XIX, y todavía a comienzos del XX, el Paraninfo tuvo periodos de cierre por años, y llegó a acoger soldados y pertrechos que se apoderaron de pasillos y salones durante las guerras de independencia y las luchas civiles de la joven república. En una de esas fue que se vieron truncados los estudios de leyes de Tomás Carrasquilla, que apenas alcanzó a asistir a clases un año porque al siguiente, 1877, el edificio cerró sus puertas.

Dicen los entendidos que los años dorados de la Universidad y del edificio comenzaron en 1913 con la llegada del rector Miguel María Calle, quien promovió y gestionó la primera restauración tras el deterioro producido por tanto agite, abandono y ocupaciones.

Los planos y la ejecución le fueron encomendados ese mismo año al arquitecto Horacio Rodríguez (hermano de Melitón, el fotógrafo), que no descansó hasta entregar el edificio decorado en 1921. Con este proyecto no solo se logró la reconstrucción, sino también la solución de problemas de humedad ocasionados por la quebrada La Palencia que le pasa por debajo. Además se construyó el Aula Máxima, o Paraninfo, que acabaría por darle nombre e identidad al edificio. “Este hermoso paraninfo, que si no tiene el lujo de las grandes universidades europeas, al menos es un lugar en el que podemos recibir a intelectuales de otras partes”, fueron las palabras del rector Calle en la inauguración.

Paraninfo

Esta restauración fue la excusa perfecta para dotar el edificio de servicios sanitarios modernos y de, “al parecer por primera vez en Colombia, un gimnasio para ejercicios físicos, según el estilo de la Universidad de Filadelfia”, como contó el médico Juan Bautista Montoya y Flórez en una reseña posterior. Estos años de gloria también se vieron reflejados en la compra de nuevo mobiliario traído directamente de Nueva York, “para reemplazar los pupitres viejos, sucios y desvencijados”.

La Universidad abandonó el Paraninfo en 1970, cuando se fue a estrenar la ciudadela actual, aún sin terminar. En el Paraninfo quedaron algunas oficinas, la emisora y los estudiantes del bachillerato nocturno. Pero la emisora fue la única que permaneció durante la larga restauración de los años noventa, y casi al final de las obras la trasladaron de manera temporal a una casa en el barrio Prado.

Ayacucho por el norte y Girardot por el oriente son las calles que rodean al edificio. Centenares de buses transitan por ellas todo el día y parte de la noche, y dejan a sus puertas –más ahora que estrena portería por Girardot– a miles de transeúntes y habitantes del Centro. Y aunque no miren su polvorienta fachada, saben que es el Paraninfo el que está ahí.

Adentro, en un ambiente más silencioso y fresco, los funcionarios comparten espacio con los usuarios esporádicos de las aulas, los fieles asistentes a cine cada ocho días, y los universitarios que se gradúan cada semestre en el Aula Máxima y llenan las 350 sillas con sus familiares y amigos.

La cafetería, en cambio, permanece desolada. Desde que se fue su último arrendatario, en el año 2010, está cerrada. El rumor es que los tres restaurantes que han abierto allí desde la última restauración quebraron, y a juzgar por las palabras del administrador del edificio, Héctor Puerta, es cierto: “estamos tratando de bajar el canon de arrendamiento”.

Desde el segundo o tercer piso puede verse El flautista de Rodrigo Arenas Betancur. Tan incómodo que parece, pero así y todo se da el lujo de no haber sido ensuciado por las palomas. Porque ellas no bajan, al menos no con frecuencia ni en bandada, al primer piso del Paraninfo. No, ellas están allá arriba en el tejado, acicalándose, disfrutando el viento suave que baja de las montañas hasta el Valle de Aburrá.

Afuera, un muchacho andrajoso espera sentado al pie de una de las puertas selladas del Paraninfo. Él sabe que apenas Elvia, la buena Elvia, acabe de sembrar arroz en la Plazuela San Ignacio, le va a entregar la coca para que la desocupe toda.

 
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