CENTRO DE MEDELLÍN un mapa para perderse
Pobreza franciscana
Ricardo Aricapa

Teclado y pedalero, órgano de la Iglesia de San Antonio
Teclado y pedalero, órgano de la Iglesia de San Antonio.

Además de organero, Francisco Serna es egresado de historia de la Universidad Nacional y autor de una tesis sobre los órganos en Antioquia. Contó 37 en Medellín y los demás municipios; la mayoría están en un estado deplorable, tanto que las reparaciones que les han hecho a algunos ha sido más labor de salvamento que de mantenimiento.

El que está en peor estado tal vez sea el órgano de la iglesia de San Antonio, el insigne templo de la orden de San Francisco en Medellín consagrado a San Antonio de Padua, un monje del siglo XIII que toda su vida hizo milagros y alguna vez se anotó uno portentoso: para convencer a un marido celoso de que el bebé que acababa de tener su esposa sí era suyo, hizo que el bebé hablara y le confirmara que sí, que verdaderamente él era su padre.

Este templo data de finales del siglo XIX pero fue reformado totalmente entre los años 1929 y 1945, cuando se construyeron sus amplias naves, sus preciosos altares de madera y su gran cúpula. Sobre el sotacoro se instaló el órgano, instrumento construido en España por Esteban Dourte, un artesano vasco que, según Francisco Serna, encarnó el momento culminante de la vieja escuela organera catalana-aragonesa. Por eso es interesante y vale la pena recuperarlo.

Este órgano no suena desde hace más de treinta años. Lleva todo ese tiempo dañado y a merced del comején. Y aunque desde abajo uno lo vea impecable en su elegante maderamen repartido en dos cuerpos, al acercarse ve la ruina en que se encuentra: la consola está carcomida y en harinas, y tiene malas las secretas, los fuelles, el motor, las bases, todo. Lo único bueno es su tubería, que es muy valiosa. “Y si hay tubería, hay órgano, se puede restaurar”, dice Francisco, quien tiene razones para decirlo porque hace quince años lo llamaron para que lo revisara y cotizara la restauración. También tiene como experiencia haber restaurado un órgano similar en Aguadas, Caldas. Según sus cálculos, restaurar este órgano puede costar 120 millones de pesos, “y eso bajita la mano porque yo no soy carero”.

De todas maneras, 120 millones es un billete largo para una comunidad como la de San Francisco de Asís, que vive de la caridad. Su pobreza es proverbial. Además, la ponchera tampoco es que ayude mucho, porque el templo de San Antonio es tal vez el menos concurrido del Centro. Los usos que ha adquirido el parque en los últimos años aislaron el templo del contexto urbano y lo vaciaron de feligreses. La mañana en que lo visitamos, a eso de las siete y media, había catorce personas en misa –o trece, porque uno de los señores roncaba plácidamente en una de las bancas–.

Sin embargo, esos pocos feligreses tienen un órgano que acompaña las misas. La parroquia compró uno eléctrico cuyo sonido se amplifica con altoparlantes, y que interpreta el hermano Julián enfundado en el tradicional hábito café con cordoncillo blanco de la orden.

El hermano Julián abrazó desde muy joven la causa religiosa, y lleva varios lustros sirviendo como sacristán en el templo de San Antonio. Es un hombre fornido y de pocas palabras, además de arisco, quien aparte de preparar las misas tiene en la responsabilidad de tocar el órgano eléctrico, un aparato que apenas si zurrunguea, como él mismo lo reconoce.

Fragmento extraido de En el pueblo hay una plaza, en la plaza hay una iglesia y en la iglesia hay un órgano por Ricardo Aricapa
 

Centro de Medellín

 
Ingresar
Cohete.net
Cohete.net