CENTRO DE MEDELLÍN un mapa para perderse
Una historia por armar
Alfonso Buitrago Londoño
Archivo histórico de Medellín

En el Archivo Histórico de Medellín tienen muy claro que todas las historias están por contar. “Aquí vienen los investigadores a armar las historias, son ellos los que narran, los archivos por sí solos no cuentan nada”, dice Claudia Vásquez, su directora. Ella misma es una buena contadora de historias, que le ha ido dando forma a la del Archivo empezando por la casa en la que hoy se encuentra su sede, en la calle Colombia entre El Palo y Girardot (Calle 50 #43-63, abierta de lunes a jueves de 7:30 am a 12 m y de 1:30 a 5:30 pm y los viernes hasta las 4:30 pm).

La casa, construida a finales de siglo XIX, fue la residencia de la familia de un rico comerciante llamado Alfonso Villa Vásquez, su esposa Magdalena Gaviria y sus dos hijos, Enrique y Jorge. Alfonso estudió el bachillerato en Nueva York y Magdalena vivió en París desde los seis años. Ya casados y asentados en su casa de Medellín, construyeron la calle de enfrente (hoy parte de la calle Colombia) para darle acceso a la vivienda y, más tarde, le donaron la parte trasera de la casa a la iglesia para que hiciera una capilla y ellos pudieran ir a misa cuando quisieran. Magdalena hablaba francés y le gustaba que le dijeran “madame” y Jorge Villa Gaviria, uno de sus hijos, fue un dandi que se codeaba con la alta sociedad de Madrid. La familia vivió en la casa hasta 1957.

La vivienda fue construida en tapia y teja y conserva las maderas originales de puertas y de los pisos de dos habitaciones; las ventanas que dan a la calle tienen sus típicos arrodilladeros; y los cielorrasos en latón fueron reconstruidos de los originales. El diseño es de habitaciones conectadas en galería continua y tiene tres patios en piedra, característicos de la época. En el patio central, el restaurador propuso una pileta de agua recubierta en mosaico, que recuerda las construcciones andaluzas.

“Una vez vino aquí una de las nietas de la familia y reconoció mucho del mobiliario que aún conservamos original”, cuenta Claudia. Y buscó una baldosa en particular que todavía conserva una moneda de centavo, huella de los constructores de la casa, que ella y su hermano intentaban desincrustar cuando estaban pequeños.

La casa fue declarada Bien de Interés Patrimonial de Medellín por su técnica constructiva y la historia que conserva de la vida privada de los habitantes del siglo pasado, y hoy es el lugar donde se guardan los documentos producidos por la administración municipal–Alcaldía con todas sus secretarías y entes descentralizados, Concejo, Personería e INVAL y algunos fondos privados como el del Radioperiódico Clarín (conformado por 852 libros entre 1959-1988), el más importante difusor local de la vida social, política y económica de la Medellín de la segunda mitad del siglo XX.

Archivo histórico de Medellín

En manos de investigadores y estudiosos, dichos documentos pueden armar las historias de las preocupaciones, debates y decisiones que han conformado nuestra ciudad y han definido la forma en que vivimos desde la época colonial hasta nuestros días. En el Archivo está, por ejemplo, el título original de villa otorgado al sitio de Aná por la Corona española en 1675, año considerado como el de la fundación de Medellín por cuanto desde ese momento tuvo cabildo propio y pudo tomar sus propias decisiones administrativas.

“Documentos con personalidad”, como dice la historiadora Luz Marina Jaramillo, encargada de coordinar las visitas guiadas, y con el potencial de cautivar no sólo a los investigadores, sino también a los niños y al público en general. Muchos de ellos fueron escritos a mano con la caligrafía de la época y conservan los sellos de parafina utilizados para cerrar los sobres. Los más antiguos dan cuenta de costumbres y formas de ver el mundo que hoy pueden resultar curiosas e incluso sonar graciosas; delicatesen históricos como la petición de José Miguel de Restrepo para que le dejen abrir un camino, de 1779; el acta que ordena empedrar calles y otras disposiciones, de 1742; el acta que informa el nombramiento de Pablo Serrano como gobernador de Antioquia, de 1750; la demanda contra José López porque construyó una casa con trapiche en el partido de Hato Grande, de 1794; el proceso que certifica la nobleza de José Antonio Mejía y María Gutiérrez, de 1811.

La sección Cabildo Colonial 1675-1819 del Fondo Concejo –que incluye las secciones Siglo XIX 1820-1899 y siglo XX 1900-1997–, por su importancia y estado de conservación, fue incorporada por la Unesco al programa “Memoria del Mundo de América Latina y el Caribe”. Y preservar dicha memoria para todo el planeta requiere de un trabajo muy paciente y especializado, por la fragilidad y antigüedad de muchos documentos.

El nanolaboratorio de restauración documental

Archivo histórico de Medellín

En el Archivo Histórico de Medellín funciona uno de los tres laboratorios de restauración de papel que existen en Colombia. En el que se rescatan y muchas veces se reconstruyen centenares de folios condenados a desaparecer o a volverse ilegibles. En ese laboratorio –al que Claudia llama con humor “nanolaboratorio”, por lo pequeño del espacio en que se encuentra– trabaja Felipe Vargas, uno de los restauradores, quien vestido con bata de laboratorio, guantes de látex, máscara y gafas de protección, rearma a su manera la historia de documentos agrietados, fragmentados o mal encuadernados. En su mesa de trabajo hay pedacitos de papel que pueden tener siglos de antigüedad, pisados con vidrios, como volátiles fragmentos de un rompecabezas.

La restauración de un documento incluye varias etapas, con diferentes procesos físicos y químicos, y puede tardar hasta 340 horas. Uno podría compararlo con el proceso de conservación de unos restos arqueológicos. El documento pasa primero por un análisis visual para encontrar perforaciones, cortes, pliegues, agentes contaminantes y residuos de tinta; luego, se hace succión de partículas y eliminación de suciedades; se frota con una almohadilla y miga de pan para la remoción de contaminantes; se desinfecta de hongos y bacterias; se fijan las tintas; se humecta por aspersión; se lava por inmersión; se reencola; con un adhesivo de alta viscosidad y un papel japonés especial se le aplican refuerzos centrales y por doblaje y se reconstruyen fragmentos desprendidos; se seca y se prensa controladamente; y finalmente se cosen los cuadernillos a mano y se encuaderna. Así, el equipo de restauradores del Archivo les da una vida renovada a actas, censos o mapas.

En la restauración de un documento de cuatro metros de largo, que corresponde al censo de Medellín de 1864, Felipe tardó seis meses. Ahora se encuentra restaurando todas las actas del Concejo de 1920, muchas de ellas mal fechadas y encuadernadas en desorden. Si consideramos que solo la sección Cabildo Colonial cuenta con 93 tomos y guarda casi 150 años de historia, nos podemos hacer a una idea de la descomunal tarea que se adelanta en el Archivo, que cuenta con más de 400 mil documentos, de los que se han restaurado cerca de 90 mil en los últimos cinco años.

Archivo Histórico de Medellín, Fotografía Juan Fernando Ospina

La coquetería de la digitalización de un documento

A la tarea de preservar este enorme patrimonio cultural se ha unido, desde 2010, el proceso de digitalización de documentos, gracias al premio Atla (Access to Learning Award), otorgado por la fundación Bill y Melinda Gates a la Red de Bibliotecas de Medellín y el Área Metropolitana –de la cual el Archivo hace parte–. Con la coordinación y liderazgo de la Biblioteca Pública Piloto, que inició su proceso de digitalización en 2008, se contrató a la empresa mexicana Janium para la digitalización, automatización y recuperación del conocimiento acumulado del Archivo.

Janium provee el software necesario y un programa propio de acercamiento progresivo que permite la digitalización de documentos físicos sin el pixelado que afecta a la digitalización con escáner. Se hace por medio de cámaras fotográficas y dispositivos planos que permiten digitalizar todo tipo de documentos, incluso planos que pueden medir varios metros.

En un cuarto ubicado en el parqueadero adjunto a la casa –destinado para una ampliación futura del Archivo– trabaja de tiempo completo Alejandro Jiménez, un técnico informático mexicano de Janium. A sus manos llegan documentos como los restaurados por Felipe Vargas, que han pasado previamente por el proceso de monitoreo y diagnóstico de colecciones, con el que se priorizan los que requieren ser conservados con mayor urgencia. Hasta el momento se han digitalizado 150 mil documentos, de acceso público para cualquier usuario, en cualquier parte del mundo, en la dirección electrónica ahmedellin.janium.net/opac

“¡La nitidez es una nota!”, dice Claudia con emoción. “Es un plus de los procesos técnicos del archivo que nos permite digitalizar con prioridad los documentos más deteriorados. ¡Es una coquetería!”. Una coquetería no solo para los investigadores, sino para los usuarios exóticos, fetichistas que disfrutan viendo, agrandados y con todo detalle, una caligrafía, un sello, una sección de un mapa, incluso los poros del papel en los que fueron hechos.

La alpujarra, Fotografía Juan Fernando Ospina

Los afectos por el patrimonio

El Archivo Histórico de Medellín también es una de las sedes de la Unidad de Memoria, Patrimonio y Archivo Histórico de la Secretaría de Cultura Ciudadana (las otras se encuentran en el edificio de la Plaza de la Libertad y en la Casa del Patrimonio en el barrio Prado). Desde el Archivo se coordina el programa “Puesta en valor de las memorias y los patrimonios culturales”, con el que la Alcaldía de Medellín intenta activar, resignificar y recrear las memorias y los patrimonios culturales de la ciudad.

En esa dirección se dirigen estrategias como el Archivo de Puertas Abiertas, con la que el Archivo Histórico de Medellín se vincula a la propuesta del Archivo General de la Nación y ofrece visitas guiadas, exposiciones y talleres en relación con los documentos en papel, fotográficos y cartográficos. Y se promueven experimentos públicos y colaborativos con la intención de renovar y propiciar afectos por el patrimonio cultural de la ciudad, como Medellín steampunk, el dispositivo steampunk del Radioperiódico Clarín, las BiciRutas Patrimoniales, la Cronocleta y intervención artística de bustos de la avenida La Playa.

Medellín Steampunk es una apuesta “contracorriente”, efímera, con visiones futuristas ancladas en el pasado, para intervenir artísticamente cinco ilustres esculturas de la ciudad: Simón Bolívar con gafas de aviador y su Palomo con alas, en el Parque Bolívar; José María Córdoba con una máscara en la cara y una prótesis en una pierna, en el Parque de Boston; Francisco de Paula Santander con sombrero y un telescopio, en la Plazuela San Ignacio; Francisco Javier Cisneros con alas y cargando un maletín, en la Estación Medellín del Ferrocarril de Antioquia; y Pedro Justo Berrío con una escafandra, en el Parque Berrío.

El dispositivo steampunk del Radioperiódico Clarín es una cápsula sonora que reproduce una selección de noticias que hicieron famoso el lema del radioperiódico: “Clarín dice lo que otros callan”. En esa cápsula futuristas se pueden escuchar, recreadas por actores, añejas noticias del estilo: “!Atención! Individuo vestido de sacerdote visitó un almacén, hizo que le mostraran una máquina de coser por valor de 6 mil pesos y luego pagó con un cheque sin fondos” o “Acusan a una profesora del CEFA de reaccionar contra las niñas que no le dieron regalo el Día del Maestro”.

Las BiciRutas Patrimoniales buscan aprovechar el deseo de muchas personas de recorrer la ciudad en bicicleta y conocer nuestro patrimonio. En asocio con el colectivo Siclas se han realizado rutas al aeropuerto Olaya Herrera, llamada “El último vuelo de Gardel”, al Cerro El Volador, a las esculturas ilustres y al Jardín Cementerio Universal.

La Cronocleta es una máquina del tiempo que le asigna al azar a quien la usa una escultura de la ciudad para que la conozca, disfrute y adopte como propia, y la intervención artística a los dieciséis bustos de la avenida La Playa convirtió por unos días a personajes como Tyrell Moore, prohombre de la industrialización, en un minero con pica y a Jorge Robledo, quien murió decapitado, un cubo de espejos le hizo desaparecer la cabeza.

Toda la información de las actividades e intervenciones, con textos, fotos y videos, se encuentra alojada en la página web: patrimoniomedellin.gov.co, donde además el visitante puede consultar un mapa georreferenciado del inventario de esculturas de la ciudad. Como afirma Herman Ferney Montoya, líder del programa: “Buscamos que el ciudadano viva el tema patrimonial como una experiencia y no como un discurso gastado, y que esa experiencia lo lleve a construir su propio conocimiento sobre el patrimonio”. Creatividad, apertura y sensibilidad para seducir y crear nuevos lazos que unan pasado, presente y futuro.

 
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