CENTRO DE MEDELLÍN un mapa para perderse

Museo Casa de la Memoria

Una invitación a derrotar la indiferencia

El Museo Casa de la Memoria es casa para las víctimas y sus organizaciones sociales y barriales, para todos aquellos que han padecido las diversas violencias que cruzan la geografía histórica de nuestra ciudad, un espacio para el encuentro de saberes y proyectos de reparación simbólica. Y es museo porque todas las investigaciones y estudios que se realizan sobre memoria, pedagogía para la paz y la reconciliación y las diversas formas de resistencia que han asumido las víctimas, se convierten en exposición, con una museografía lúdica y artística, apoyada en elementos tecnológicos interactivos que buscan sintonizar al espectador con los preceptos mismos de la institución, que asume “el reto de hacer memoria para reparar a las víctimas y reconocer su dignidad, para sembrar en la sociedad la semilla de la paz y de la no repetición, para reconciliarnos y poder volver a mirarnos a los ojos”.

Y ahora le han dado cabida a los casos de vida y los testimonios de los victimarios. Fueron las propias víctimas que acuden al museo las que dijeron: Si esto es tan bueno para nosotros, ¿por qué no los vinculamos también a ellos? Desde entonces, se trabaja con los combatientes que son, muchas veces, víctimas ellos mismos de la inequidad, de la desigualdad, de la indiferencia y la segregación, situaciones que sumadas han servido de caldo de cultivo para el conflicto que se ha esparcido como una plaga por todo el territorio nacional.

La Casa de la Memoria alberga en su tercer piso el Centro de recursos para la activación de la memoria, con textos para todas las edades que desde diversas perspectivas y disciplinas dan cuenta de los padecimientos que hemos vivido los colombianos en los últimos años; literatura sobre paz y reconciliación y otros documentos que ayudan a entender un conflicto como el nuestro, donde se enmarañan el terror como ejercicio de la política, la rebelión y la contrainsurgencia en armas, el narcotráfico y muchas otras formas de violencia asociadas.

En el segundo piso se encuentra la sala permanente, con la exposición central Medellín, memorias de violencia y resistencia, con dispositivos multimedia e interactivos y una línea de tiempo dónde elegir año, mes, día y lugar de los acontecimientos y cómo fue el cubrimiento de los medios de comunicación. En la misma sala se aprecia el trabajo de los reporteros gráficos y el testimonio visual de los sucesos que cubrieron en directo. Hay un rincón para los susurros, con las palabras de hombres y mujeres que quieren decir qué fue lo que les pasó, a sabiendas de que son historias que no pueden contarse a gritos y que exigen que el espectador se acerque para escuchar casi como en secreto las vicisitudes sufridas por las víctimas. Y está El recinto de la memoria, donde los desaparecidos dejan de ser estadística y adquieren cuerpo y rostro; en una transición de color a blanco y negro, vemos a las víctimas reunidas con sus parientes y amigos, con sus compañeros de colegio o en medio de una práctica deportiva, para enfatizar que se trata de personas como nosotros, con familiares y allegados que todavía los recuerdan y los lloran. Una exposición para ver, tocar, sentir. En el primer piso se encuentran el auditorio y las salas temporales, con programación permanente. Conferencias, conversatorios, diplomados, pero también música, teatro, cine.

Casa y museo pensados en función de las víctimas y del reconocimiento de su dignidad. Un hogar que se abre a los victimarios por iniciativa de las propias víctimas, de quienes nos queda como ejemplo y testimonio su enorme capacidad y disposición para el perdón y la reconciliación, como una clara invitación a derrotar la más brutal de nuestras desgracias: la indiferencia.

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