CENTRO DE MEDELLÍN un mapa para perderse
Pequeño Teatro

En el barrio Villa Hermosa abrió, en lo que era una ramada, la primera de las salas por las que han trashumado hasta recalar en su actual sede de Córdoba. En aquel espacio estrenaron Macbeth, de un tal William Shakespeare, Los intereses creados, de don Jacinto Benavente y José Antonio Galán o de cómo se sublevó el común, de Henry Díaz. En 1980 traslada sus bártulos para la sede donde funcionaba un grupo krishna, la Gran Fraternidad Universal (hoy El Trueque). Estrenan Aceite, de Eugene O’Neill; Poeta, en qué quedamos, homenaje a nuestro bardo Porfirio Barba Jacob; Anacleto Morones, El llano en llamas y Diles que no me maten, constituyen una trilogía rulfiana, piezas en la que descollaba un ser talentoso, Juan Guillermo Rúa, el “negrito aquel”, fundador y actor del unipersonal Teatro Ambulante.

Es esta la prehistoria de un grupo que ahora celebra cuarenta años y que ponía en escena desde Todo fue, de Rodrigo Saldarriaga, su ópera prima dramatúrgica; El brillador de metal, de Henrich Henkel; El zoológico de cristal, de Tennesse Williams; De ratones y de hombres, de Steinbeck; hasta Hola y adiós, del surafricano Athol Fugard.

Ya en 1986, en su nueva sede abren la primera de sus salas y la bautizan Tomás Carrasquilla, del que montan En la diestra de Dios padre, en versión de Enrique Buenaventura. Ese mismo año instalan los horcones para la construcción de su sala principal, que hoy lleva el nombre de su director y fundador, Rodrigo Saldarriaga. Abordan disímiles montajes: Escuela de mujeres, de Moliere, y El día en que las putas salieron a jugar tenis, de Arthur Kopit. Fundan la Escuela de Formación de Actores, de la cual llevan ya once promociones.

Rodrigo Saldarriaga, muerto en 2014, en la plenitud de su vida creativa, siempre estará allí. El Ejercito de los guerreros y Los chorros de Tapartó, obras de su autoría, constituyen un importante legado.

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